Estamos
nuevamente en las puertas de otra celebración de la recordación del nacimiento
de nuestro Señor Jesucristo aquí en la Tierra. En dicha oportunidad Jesús nos
ha revelado las buenas noticias de salvación a través de la fe en su sacrificio
que hizo por nosotros en la cruz. Lo mínimo que podemos hacer es agradecerle de
todo corazón, llevando una vida digna y agradable, celebrando ese gran
acontecimiento en familia, y por que no, conforme a las buenas costumbres que
aún practicamos en el Paraguay.
Por
ejemplo, en Paraguay a mediados de noviembre, incluso casi al principio, ya se
ven las calles y algunos negocios adornados, en especial los centros
comerciales que se visten de sus mejores galas.
En
la Noche Buena, las familias comparten la mesa familiar, una rica cena
preparada con las mejores comidas y bebidas típicas, donde no puede faltar la deliciosa
sopa paraguaya, el opulento chipa guazú (a base de choclo) y el refrescante
clericó hecho con frutas de estación, vino tinto y abundante hielo con un poco
de azúcar a gusto. Realmente es una gran fiesta que se vive y se celebra con
toda la familia. Otros, suelen viajar junto a sus familiares en el interior del
país o viceversa.
Anteriormente,
(lastimosamente se ha perdido mucho esta práctica) los niños visitaban los diferentes
pesebres del barrio, actividad que se repetía en la mañana del 25. La práctica
de las visitas eran infaltables entre vecinos y familiares. También se compartía
en un ambiente seguro y agradable, hermosas peñas entre todos.
Pero
actualmente, muchas de aquellas buenas prácticas se han ido perdiendo o
enfriando. La mayoría de los jóvenes se pasan computando los minutos y las
horas esperando la tan ansiada medianoche del 24, con el fin de salir disparando
como un cohete a entretenerse en fiestas y bebidas entre amigos.
El
31 es lo mismo, sólo que es más la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que
salen a entretenerse recibiendo el nuevo año, perdiéndose de esa manera, el
acogedor ambiente familiar de antes.
Sectores
tradicionales siguen peleando para seguir y mantener dicha tradición, porque
saben por experiencia que solo de esa manera, se fomenta y se fortalece el
vínculo familiar y la cooperación entre todos. La unidad familiar seguirá
siendo una práctica que edifica y mejora una sociedad. Porque la base de la
sociedad son las familias y eso nunca va a cambiar.
También
se escucha que ciertos sectores de la sociedad continúan con su "lucha
frontal" para sacar de las casas paraguayas al famoso “Papá Noel”, argumentando
que dicho personaje no encaja para nada con nuestro clima tropical y con nuestro
estilo festivo.
En
ese sentido, creo que resultaría más natural la promoción del pesebre hogareño
con la fragancia del coco paraguayo. Que sensación más placentera se siente
cuando uno entra en la sala de una vivienda y se percibe el aroma del coco. Practiquemos
también los inolvidables intercambios de regalos, pero sin crear la necesidad
de gastar mucho, un regalo puede ser cualquier cosa, como cantar, recitar o
escribir una hermosa nota para alguien. Lo mismo hicieron los Reyes Magos cuando
visitaron a Jesús después de su nacimiento con sus hermosos regalos; enseñemos pues
dichos episodios a nuestros niños, especialmente las beneficiosas historias de
la Biblia.

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